ABJ y neuroeducación: por qué el juego mejora el aprendizaje

“El juego activa el cerebro, libera dopamina, refuerza la memoria y enciende la motivación.”
— Y sí, esto no es solo una frase bonita para Pinterest.

La idea de que jugar es aprender no es nueva. Pero ahora, gracias a la neurociencia, podemos explicar por qué funciona tan bien. Y no, no se trata solo de “hacerlo divertido”.

Se trata de diseñar experiencias que el cerebro quiera repetir. No solo planificar contenidos, sino generar contextos donde aprender sea un deseo, no una obligación.

¿Qué pasa en el cerebro cuando jugamos?

Cuando jugamos, el cerebro libera dopamina, una sustancia química que aparece cuando sentimos placer, descubrimos algo nuevo o superamos un reto. Es como un “empujón positivo” que nos anima a seguir explorando y aprendiendo.

Esta dopamina activa los llamados circuitos dopaminérgicos, una red de áreas cerebrales (como el núcleo accumbens, el putamen y el globo pálido) que regulan la motivación, la toma de decisiones, el aprendizaje y la percepción del valor de una experiencia. En resumen: si algo se siente interesante y valioso, el cerebro quiere más.

Curiosidad, emoción y memoria: el combo ganador

Un estudio de Gruber et al. (2014) demostró que, cuando sentimos curiosidad genuina, se activan el hipocampo (clave para fijar recuerdos), el mesencéfalo (que regula la liberación de dopamina) y las rutas dopaminérgicas (que aumentan la motivación y el enfoque). ¿El resultado? Una mayor probabilidad de recordar lo aprendido, incluso si no estaba directamente relacionado con lo que nos generó curiosidad.

¿Y cómo se despierta esa chispa en el aula y se consigue que el cerebro quiera quedarse ahí un rato más?

  • Sorpresa.
  • Retos alcanzables.
  • Novedad.
  • Emoción.

Motivación + emoción = foco

Cuando estamos motivados, el cerebro no solo se activa: se organiza mejor. Esto ocurre gracias a unos mecanismos llamados procesos top-down, que permiten al cerebro controlar de forma consciente a qué prestar atención. Para explicarlo fácil: el cerebro actúa como un director que le dice a tus sentidos:

“Esto es lo que importa. Ignora lo demás y céntrate aquí.”

Estos procesos regulan la atención voluntaria, ajustan la actividad en las áreas sensoriales (como la visión o la audición), y nos permiten mantenernos enfocados según nuestras metas. Y si, además, lo que estamos haciendo nos emociona, el efecto se multiplica.

¿Y en mi aula, cómo lo hago yo?

Juego porque funciona. Porque, como has ido leyendo, y yo he comprobado en mi aula, el juego transforma el ambiente, enciende las miradas y despierta ganas reales de aprender. Y seamos sinceros: eso no pasa cuando hacemos el ejercicio 3 de la página 5 del workbook… ni cuando entregamos una ficha más.

En mi día a día, el juego está presente de muchas formas: dinámicas, retos, tableros, roles, mecánicas simples que invitan a pensar, conectar y participar. Y sí, tengo un carrito con ruedas cargado de juegos que viaja conmigo de aula en aula. No es postureo: es herramienta pedagógica. Porque aprender no es solo memorizar. Es sentir, moverse, equivocarse, reírse y volver a intentar. Y para eso, el juego es una vía directa al cerebro. Porque recuerda: jugar no es maquillar el contenido, es diseñar con intención, con evidencia y con propósito, es comprometer al alumnado desde la motivación, la emoción y el placer de aprender. Y no, el juego no es lo opuesto al trabajo. Es, muchas veces, la mejor forma de hacerlo bien.

Además del juego manipulativo, también uso tecnología. Soy de esas a las que sus compis (con muchísimo amor) llaman “la friki tecnológica”. Las TIC, bien utilizadas, permiten personalizar, reforzar y captar la atención como pocas cosas. Pero como todo, necesitan equilibrio: el uso excesivo de pantallas, sobre todo en edades tempranas, puede afectar el desarrollo emocional y cognitivo. Por eso defiendo un enfoque mixto: lo digital y lo real, lo táctil y lo virtual, lo tecnológico y lo emocional. Y en futuras entradas, te contaré cómo lo equilibro y qué herramientas me han funcionado de verdad.

¿Quieres llevarte mis juegos al aula?

Contarte todo lo que he hecho estos años sería misión imposible en una sola entrada. Pero tranqui, que ya estoy preparando nuevas publicaciones donde hablaré de mis materiales, rutinas y herramientas digitales. Mientras tanto, puedes visitar la sección Recursos del blog. Allí encontrarás juegos listos para imprimir y usar, con instrucciones claras e ideas de uso.

Porque sí: jugar mola. Pero hacer materiales lleva tiempo (del que no siempre tenemos).
Y yo ya lo hice por ti. Porque compartir es de guapas.

Antes de irte… tómate un café y reflexiona:

  • ¿Qué papel juega el juego en tu aula?
  • ¿Qué ocurre cuando tus alumnos se sienten desafiados, pero seguros?
  • ¿Recuerdas una actividad lúdica que te marcó como profe?
  • ¿Qué podrías probar mañana para gamificar con intención?

Guarda este blog, compártelo con tu equipo docente y vuelve pronto. Aquí seguimos construyendo una escuela más humana, significativa y muy viva. Si esta entrada te ha inspirado, compártela con alguien que también crea en enseñar jugando. Si tienes dudas, escríbeme. Y si te apetece contarme cómo lo haces tú, estaré feliz de leerte.

Este espacio es tuyo, mío, nuestro. Teachingpedia nace del deseo de construir, entre todos, una escuela con sentido.

Nos leemos pronto.

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Soy Fabiola Bueno, maestra de vocación. Teachingpedia es el espacio que soñé crear para compartir estrategias reales, recursos útiles y recordarnos por qué un día decidimos enseñar.

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